Puntos de Inflexión Ecológica: Como un Círculo Vicioso puede volverse Virtuoso

Amanda Suutari and Gerald G. Marten

Earth Island Journal 22(2): 2007 – Download English .pdf (1mb)

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Las cigarras cantan a todo volumen una mañana cargada de Mayo mientras avanzamos sobre un desvencijado paseo entablado tendido entre un manglar comunitario cerca de la aldea de Thung Dase en el sur de Tailandia. Los mangles ofrecen su sombra cerca del muelle donde está amarrado un pequeño bote.  Hay trampas de bambú tendidas para atrapar cangrejos al bajar la marea.  En un destello anaranjado y turquesa, un  martín pescador desciende a una rama baja.

Es difícil imaginar que hace tres décadas la exuberante abundancia de la región se colapsaba en un páramo.  “En otro tiempo,” recuerda Nom Ham Yak, presidente del comité de gestión del manglar, “nuestra base económica eran los cangrejos, la pesquería y el hule.  Luego se rentaron predios en concesión a contratistas privados para la producción de carbón vegetal, y el bosque fue severamente degradado.”

Los prospectos para las aldeas de la región eran tan sombríos que una renovación hubiera parecido fantasía. Lo que las regresó del borde del abismo fue un Punto de Inflexión Ecológica.

Los Puntos de Inflexión Ecológica nos ofrecen un nuevo paradigma para restaurar nuestras comunidades, tanto naturales como humanas.  El enfoque convencional a la problemática ambiental – desde el micro-manejo poco sistemático, soluciones tecnológicas, y reglamentación impuesta desde arriba – comúnmente fracasa o genera nuevos problemas.  Pero los Puntos de Inflexión Ecológica demuestran como las mismas fuerzas que amenazan a ecosistemas y comunidades pueden aprovecharse para sanar a los mismos. Para demostrar que son los Puntos de Inflexión Ecológica y como funcionan, consideremos dos historias muy distintas en dos continentes: los manglares de la provincia Trang y los humedales costeros de Arcata, en California.

 Del Carbón al Oro Rosado

Ochocientos sesenta kilómetros al sur de Bangkok, la provincia Trang está ubicada en la costa sudoeste de Tailandia, en la orilla poniente del Mar de Andamán. Thung Dase y sus aldeas vecinas se encuentran en la cuenca de los ríos Palian y Trang, los cuales bajan al mar desde la sierra de Bandthad.  Las aldeas están agrupadas a lo largo de los manglares costeros, que ofrecen una fértil zona de amortiguación entre la vida marina y terrestre.  Además de ofrecer una rica diversidad de alimentos, los manglares proporcionan plantas medicinales y materiales para la construcción y pesca.  También son refugio y criadero de peces juveniles, cangrejos, camarones y moluscos.


Industrial trawlers sometimes violate the shoreline no-fishing zone, swallowing fish stocks faster than they can regenerate.

Pesqueros de arrastre

Los grandes cambios se dieron en los 1960s, cuando el gobierno tailandés adoptó el modelo Occidental del desarrollo en base a exportaciones.  Los pesqueros industriales de arrastre violaron impunemente la zona de veda a 3 Km. de la costa.  Arrasaron con el lecho marino y los arrecifes coralinos, devorando las reservas pesqueras antes de que estas pudieran regenerarse.  Al desvanecer la pesquería costera, los pescadores pasaron más horas en sus embarcaciones y viajaron cada vez más lejos de la costa.  Algunos utilizaron explosivos o venenos para capturar los peces que quedaban, o invirtieron en mejor equipo de pesca – causando que las reservas se colapsaran aún más pronto.

Mientras tanto, el gobierno había otorgado concesiones de manglares al sector privado para la producción de carbón vegetal.  Al menguarse los manglares, lo mismo sucedió con la diversidad de productos útiles que brindaban.  “Escasearon las plantas y animales, particularmente los cangrejos,” explica Nom Ham Yak.

Con opciones cada vez más limitadas, los pescadores comenzaron a aceptar trabajos básicos cortando mangle para carbón, o trabajando en los pesqueros de arrastre, o migraron a las ciudades a buscar trabajo.  “Los ingresos pesqueros disminuyeron,” dice Ham Yak.  “Los aldeanos tuvieron que mudarse en busca de empleos en las fábricas enlatadoras de mariscos, en las plantaciones de hule, en la construcción o como jornaleros.  Cuando los hombres salían a trabajar y sus esposas permanecían en la aldea, las relaciones familiares sufrieron.  La gente también comenzó a vender sus terrenos por no haber trabajo en esos tiempos.”

Empeorando las cosas, las agencias de desarrollo y los bancos habían comenzado a promocionar la acuicultura de camarones en los manglares.  Lamentablemente el “oro rosado” de la acuicultura de camarones puede ser una empresa clásica de expansión y contracción en que la producción de los estanques decae drásticamente después de los primeros cinco años.  Los lugareños pronto vieron como sus ganancias rápidas fueron reemplazadas por deudas y desolación ambiental al multiplicarse los estanques abandonados.

En 1999 un equipo dirigido por el economista Suthawan Sathirathai hizo un análisis del costo-beneficio de la acuicultura de camarones en la aldea costera en la provincia de Surathani, en el sur de Tailandia, para comparar el valor monetario de los manglares contra el de las granjas piscicultoras.  Al tomar en cuenta únicamente los productos de mercado, la acuicultura dio mayor rendimiento, con un valor neto de US$9,335 por acre, comparado con el valor de US$1,665 de los manglares.  Pero al calcular el valor indirecto de los manglares estos números se invirtieron de manera dramática.  Al asignarse un valor monetario a los servicios ambientales del manglar como criadero de peces y la protección que brinda de erosión y tormentas, el valor de los manglares subió a US14,428, más de 50% mayor al valor de la acuicultura.

 La Inflexión Positiva.

Como estudiantes universitarios, Pisit Charnsnoh y su esposa Ploeniai, fueron parte de una generación de activistas pro-democracia.  Tras graduarse de la Universidad Khon Khaen, Charnsnoh se involucró en los temas de desarrollo rural y derechos laborales.  En 1985 la pareja se mudó al pueblo de Ploenjai en la provincia de Trang, donde comenzaron una pequeña organización de nombre Yadfon (que en tailandés significa “gota de lluvia”), dedicada a apoyar a aldeas costeras de la región. En ese entonces, los residentes de la provincia Trang se encontraban inmersos en un círculo vicioso de pobreza, enajenamiento social y degradación ambiental.


Mangrove forests supply medicinal plants and thatch for housing and fishing gear. They are also refuges for juvenile fish, shrimp, mollusks, and crab.

Manglares

Los miembros de Yadfon dedicaron casi un año al diálogo con los aldeanos de Ban Leam Makham, esforzándose por ganarse su confianza.  Su enfoque fue apoyar el entendimiento de los propios lugareños con respecto a la crisis que compartían.  Charsnoh nos explica que este método fue mucho más poderoso que simplemente sermonear a los aldeanos. “No podíamos entrar desde fuera y decirles ‘Está desapareciendo tal especie, tienen que ser más cuidadosos’ o ‘Tienen que proteger el manglar’”  Con el tiempo, y con éxitos en otros proyectos de micro-créditos, perforación de pozos y demás, Yadfon comenzó a ganarse el respeto de los aldeanos.

Tras una serie de reuniones con Yadfon, los aldeanos desarrollaron la idea de restaurar el muy degradado manglar cercano a Ban Leam Markhamand y Ban Thung Dase.  Ya que la tierra estaba bajo control gubernamental, el personal de Yadfon actuó como intermediario para obtener los permisos de las autoridades provinciales para crear un manglar comunitario.  Fue el primero de su tipo en Tailandia, y cubrió 38 hectáreas.  Después formó parte de una zona de conservación de 91 hectáreas con manglar y pastos marinos. 

Una emergente red inter-aldea creó un sistema para gestionar el manglar.  Se permitió el uso de algunas áreas para obtener el apoyo de una comunidad que hubiera roto las reglas de haberse prohibido totalmente el uso.  Se prohibió la acuicultura de camarón dentro del manglar, se establecieron zonas de veda pesquera, se abatió el uso de cianuro y dinamita y se prohibió el uso de redes de arrastre.  Se replantaron algunas zonas del manglar y designaron otras como intocables, para permitir la regeneración natural.  La red también comenzó a replantar pasto marino en los lechos marinos junto a la aldea de Chao Mai.

Sus esfuerzos dieron fruto.  Hubo un aumento en la captura de peces cerca a la orilla, y una especie que se daba por desaparecida, regresó.  Estos resultados tempranos aumentaron el compromiso de los aldeanos y los motivaron a tomar mas acciones.  Se detectó un dugong (especie de manatí amenazada) cerca de la aldea de  Chao Mai lo cual facilitó el apoyo del gobierno a favor de la protección de los pastos marinos; el dugong se convirtió en el símbolo viviente de los avances conservacionistas en la zona.

 Círculos y Puntos de Inflexión.

La creación del manglar comunitario fue un Punto de Inflexión Ecológica.  Impulsó a la comunidad local y su medio ambiente de un círculo vicioso a un círculo virtuoso, y la inercia dejó de ser destructiva para ser regeneradora.

Los círculos viciosos y virtuosos son ‘circuitos de retroalimentación’.  Estos circuitos mutuamente reforzadores de causas y efectos son el corazón de los Puntos de Inflexión Ecológica.  En la inflexión negativa, al talarse el manglar, las pesquerías decayeron. Al caer las reservas de peces, los pescadores tuvieron que trabajar más arduamente, lo cual aceleró la merma de las reservas de peces aún más. De esta manera, se vieron involucrados en un círculo vicioso de recursos en picada y una carrera por aprovechar lo poco que quedaba. 


Humboldt County, California decided to treat wastewater as a resource rather than a problem, and built the Arcata Marsh and Wildlife Sanctuary. The marsh relies on natural systems to filter the city’s sewage.

Condado Humboldt, California

Tras la inflexión positiva, la pesquería comenzó a regenerarse. Según un estudio de 500 familias realizado entre 1991 y 1994, la captura total aumentó en un 40%.  Los pescadores trabajaron entre 3 y 4 horas menos sobre el agua, mientras que sus ingresos aumentaron en un 200 por ciento.  Pudieron regresar con sus botes llenos sin utilizar dinamita o redes de arrastre.  En este círculo virtuoso, la disminución de la presión por parte de los pescadores permitió que las reservas de peces se recuperaran más rápidamente, con lo cual la labor del pescador se hizo más fácil.

La resurrección de la pesquería generó otros círculos virtuosos.  Con mayores ingresos no hubo necesidad de abandonar las aldeas.  En vez de estar amarrados al deterioro, los aldeanos ahora están comprometidos con la conservación., ya que el incentivo financiero para preservar el manglar es superior al incentivo para su destrucción.

Y lo más importante es que, al invertir en su propio futuro se motivó a que la gente luchara por preservarlo.  El sentido de posesión les dio las agallas y confianza para enfrentarse a los pesqueros de arrastre y cabildear al gobierno para vigilar la zona de veda de 3 kilómetros.  También los hizo menos susceptibles a vender sus tierras, las cuales frecuentemente eran usadas para desarrollos turísticos.  Al revivir los manglares se limitaron y zonificaron los estanques de camarones.  Charnsnoh explica que aunque muchas de las aldeas tienen estos estanques, los mantienen fuera de los límites del manglar.

Mientras que el concepto del manglar comunitario comenzó modestamente, los círculos virtuosos se han expandido con el tiempo. Actualmente en estos distritos hay 10 manglares comunitarios y cuatro áreas de conservación de pastos marinos y dugong, con una superficie total de 130 kilómetros cuadrados.  Mientras tanto, Yadfon se ha involucrado con 60 aldeas en tres distritos.  A través de una red creciente de organizaciones de base, Charnsnoh ayuda a influenciar políticas a nivel nacional e internacional, cabildeando por la protección legal de los manglares, y organizando fuerzas para abatir la práctica intensa de la acuicultura de camarones.  Ploenjai trabaja con aldeas del interior, descubriendo los lazos entre esta región y la costera.  “Trabajé con los pescadores desde el principio” dice ella, “y ahora he incursionado cuenca arriba.  Ahora trabajamos con todo el ecosistema.”

 Tratamiento de aguas residuales con humedales.

Del otro lado del Océano Pacífico, un pequeño pueblo universitario entre las secoyas del norte costero de California parece tener poco en común con una aldea pescadora al sur de Tailandia. Pero el vanguardista Humedal y Santuario de Vida Silvestre de Arcata revela una similitud fundamental: la inflexión de un ecosistema costero de un círculo vicioso hacia un círculo virtuoso.

Sede de la Universidad Estatal de Humboldt, Arcata es una pequeña y activa comunidad 450 kilómetros al norte de San Francisco: el próspero centro tiene encantos históricos, y los espacios verdes abundan entre los bosques y humedales que enmarcan el paisaje de la bahía de Humboldt.  El Punto de Inflexión en Arcata ocurrió cuando la comunidad se enfrentó a una crisis en su tratamiento de aguas residuales.  Hasta principios de los 1950s, la ciudad descargaba el efluente primario directamente a la bahía, sin tratarlo con cloro.  Fue hasta principios de los 1970s que se agregó cloro y un tratamiento secundario.  En 1974,  los estándares federales de calidad de agua fueron actualizados y las autoridades estatales y regionales se encargaron de implementarlos.

La comunidad tenía un dilema: participar en la compra de una planta de tratamiento regional, con costo de 25 millones de dólares, para tratar sus aguas antes de verterlas en la Bahía de Humbolt – o diseñar una alternativa más ecológica.  La primera opción sería una inversión costosa para una comunidad cuya población apenas era de 12,600.  Además, la tubería del alcantarillado podría resultar en contaminación desastrosa si se rompiera bajo la bahía.

Y de mayor consecuencia, la planta regional hubiera desencadenado un círculo vicioso de crecimiento desmedido.  Al poner la tubería bajo tierras despobladas entre Arcata y sus vecinos, los Arcatenses imaginaron que pronto se les vendrían encima centros comerciales, grandes almacenes y urbanizaciones. Este tipo de desarrollo hubiera afectado la zona comercial del centro e incrementado la dependencia de residentes con el automóvil. La planta de tratamiento en si, junto con los caminos e infraestructura necesaria para el proyecto, hubieran exigido desembolsos sin precedente del erario público y de los contribuyentes.

 El Problema es la Solución

La idea de tratar las aguas residuales como un recurso en vez de como un problema se le ocurrió al profesor universitario, George Allen.  En 1969 había comenzado a estudiar si era posible criar salmón y trucha en estanques de agua salada y aguas residuales tratadas.  Bob Gearheart, otro profesor de la Universidad de Humboldt, amplió la propuesta de Allen.  ¿Porqué no utilizar un humedal para tratar las aguas residuales de manera mas sencilla, mas sostenible, y más económica? “El tema central es la posesión de las aguas residuales – lo que controla uno,” explica Gearheart. “No se trata de la eliminarlas – son un recurso.”

Tras una larga y conflictiva batalla legal y política conocida localmente como “la guerra de las aguas residuales”, las autoridades regionales permitieron a regañadientes la construcción de una versión pequeña, como proyecto piloto.  En caso de ser exitosa, la comunidad tendría derecho de ampliarlo a un sistema completamente funcional.

El sitio que se escogió pare el proyecto fue una zona industrial abandonada que incluía un relleno sanitario,  dos aserraderos abandonados y su estanque.  La creación del humedal requirió que se rompiera el concreto donde antaño se amontonaba y almacenaba madera.  Ingenieros de la Guardia Nacional se encargaron de volarlo y retirarlo.  Después una excavadora le dio forma al terreno, haciéndolo similar a un humedal. Voluntarios de la comunidad plantaron varios tipos de plantas de humedal para tener zonas alternantes de agua y vegetación.  Plantaron con mayor densidad en las orillas del humedal para filtrar cualquier sólido aún en el agua.  En 1986, el proyecto se completó y entró en operación.

Actualmente el Humedal y Santuario de Vida Silvestre de Arcata cubre un área de 62 hectáreas de humedales de agua dulce y salada, marisma y pastizales.  Las aguas residuales son bombeadas de casas y edificios a la entrada, donde se remueve el detrito sólido.  Los sólidos son enviados a digestores para uso como abono en los bosques comunitarios.  Las aguas residuales se envían a estanques de oxigenación antes de entrar una serie de humedales de tratamiento.  Una serie de procesos naturales purifica el agua de manera progresiva, y dos tratamientos de cloro son utilizados para cumplir con los estándares legales antes de verter las aguas en la Bahía de Humboldt.

Cuando los Puntos de Inflexión lanzan círculos virtuosos, utilizan procesos naturales para hacer la mayor parte del trabajo.  En vez de una planta de millones de dólares, Arcata ha utilizado los servicios “gratuitos” de un humedal para purificar sus aguas residuales.  Las raíces y tallos de las plantas del humedal forman un filtro que remueve los sólidos en suspensión.  Las plantas y algas toman los nutrientes como el nitrógeno y fósforo, mientras que las bacterias y hongos descomponen los sólidos y eliminan el material orgánico disuelto.  Las espadañas dan sombra que controla el crecimiento de algas y ayudan a frenar el flujo del agua para que los microorganismos puedan funcionar.

Las plantas y microorganismos transfieren el material orgánico a través de la red alimenticia a pequeños animales acuáticos e insectos y finalmente a los depredadores, como halcones, zorros y nutrias que han llegado a simbolizar la naturaleza del humedal de Arcata. Mientras que las plantas, animales y microorganismos degradan la materia orgánica para obtener energía, los residuos salen del ecosistema de humedal y entran en la atmósfera como dióxido de carbono y agua. Mientras tanto, los animales mayores, aves e insectos voladores, se mueven por el humedal, cargando materia orgánica y nutrientes, y distribuyéndolos a la campiña adyacente.  También traen semillas de otras regiones, promoviendo y manteniendo la biodiversidad.  El resultado final es un humedal y santuario para la vida silvestre con 300 especies de aves y mamíferos, 100 especies de plantas y seis de peces.

Mientras que el humedal regeneró los sistemas naturales, inició otros círculos virtuosos para la gente también.  Las aguas residuales y la zona industrial abandonada ganaron valor económico y social.  Este “reciclaje” les devolvió a los Arcatenses el acceso a un litoral previamente inaccesible. Ganaron un espacio comunitario para descanso y recreo que recibe hasta 150,000 visitantes al año.  Al andar por un camino rodeado del canto de los tordos escondidos entre la densa vegetación, es difícil imaginar que los humedales están trabajando en descomponer aguas residuales.  Al crear una barrera física a la urbanización, el humedal creó una zonificación mucho más efectiva que cualquier reglamentación oficial.  Los estudiantes de la Universidad de Humboldt ganaron un sitio que investigar.  En el proceso, aportaron apoyo técnico, monitoreo y recolección de datos que el poblado por si solo no hubiera podido costear.

Y lo más importante, al escoger este camino tan poco ortodoxo Arcata se distinguió de sus vecinos más convencionales, alimentando su orgullo cívico. El humedal se convirtió en un símbolo compartido que ha ayudado a formar una identidad local.

“Creo que el humedal se ha hecho simbólico de cómo podemos hacer las cosas a nuestra manera,” dice Julie Fulkerson, ex alcalde y consejera.  “Pensar en esta comunidad sin el humedal es muy deprimente.  De haberse construido la planta de tratamiento, hubiera costado millones de dólares, y aun la estaríamos pagando. Y con la tubería entre Eureka y Arcata, no veo como no se hubiera urbanizado todo ese corredor.  Parecería cualquier otra comunidad en California.”

 Espacios Comunes


The Arcata Marsh and Wildlife Sanctuary is a community leisure and recreation space that attracts some 150,000 visitors a year.

El Humedal y Santuario
de Vida Silvestre de Arcata

 

A pesar de sus obvias diferencias, una reexaminación más profunda de Arcata y la provincia Trang revela que los Puntos de Inflexión Ecológica fueron la base de la renovación de ambas comunidades. Cada una encontró palancas dentro de los círculos viciosos donde acciones concertadas lograron revertirlos.  Los circuitos de retroalimentación que crearon y reforzaron la degradación ambiental fueron reemplazados por circuitos de retroalimentación que rescataron al ecosistema.  Al permitir la regeneración del manglar, y al diseñar un sistema purificador de aguas residuales con tan poca manipulación externa, ambas comunidades permitieron que la naturaleza hiciera la labor de restaurar sus recursos comunes.  La cohesión que surgió como resultado les motivo a enfrentar nuevos retos.

A pesar de sus éxitos, estas comunidades no son utopías.  Ambas están aprendiendo a ser sustentables, y emergerán nuevos retos al resolverse los viejos.  Pero nos demuestran como las personas y los sistemas naturales pueden cambiar de rumbo evitando el deterioro y hacerse mas saludables y sostenibles.  Demuestran que los lugareños pueden idear sus propias soluciones ambientales, sin complicadas reglamentaciones gubernamentales, ni costosas tecnologías.  El compartir estas historias nos demuestra como con Puntos de Inflexión Ecológica, los logros que frecuentemente se consideran poco realistas, costosos o inalcanzables no son meramente alternativas anheladas. Son prácticas.

Amanda Suutari es una periodista ambiental basada en Vancouver, Canada. Gerald Marten es ecólogo del  East-West Center en Honolulu (www.eastwestcenter.org).

Steve Brooks y Ann Marten apoyaron en la edición.

Agradecemos a los miembros de Yadfon, al Ayuntamiento de Arcata y a la Universidad de Humboldt por toda su ayuda.

Mas detalles

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