Japón – Cómo Japón Salvó sus Bosques: El Nacimiento de la Silvicultura y la Gestión Forestal Comunitaria

Hace trescientos años el Japón atravesaba una deforestación rapaz que transformaba el paisaje nacional en páramos. La gestión comunitaria de los bosques fue el punto de inflexión que inauguró una nueva era de silvicultura profesional que se difundió de aldea en aldea, rescatando los bosques del Japón, salvando a la nación de un desastre ecológico.

El Problema

Japón tenía un problema serio de deforestación hace 300 años, consecuencia del prolongado uso insostenible de los bosques (Totman 1989). Ya desde los años 600-850 D.C. había deforestación grave en la región de Kinai, debido a la construcción en Nara y Heian, así como la demanda de madera por parte de la élite gobernante para abastecer ejércitos, y construir castillos y monumentos religiosos. La selva era “explotada” mas que aprovechada. Se cosechaban la madera y demás productos forestales sin molestarse en procurar el abasto futuro.

Los aldeanos del Japón durante siglos habían dependido de una variedad de productos forestales además de la madera para su supervivencia. Entre los más importantes:

  • Una fuente limpia y confiable de agua para irrigar los sembradíos de arroz y para uso doméstico.
  • Leña y carbón para la cocina y calefacción.
  • Hojarasca y pastos que aplicaban a los campos como fertilizante orgánico. Una hectárea agrícola requería del suministro de entre cinco y diez hectáreas forestales. Los pastos del bosque además servían de alimento para el ganado.

Esta explotación del bosque funcionó mientras la población Japonesa era pequeña. Las demandas de madera por parte de los gobernantes ocasionalmente resultaban en deforestación severa a nivel local, pero siempre podían talar nuevas zonas de bosque “viejo” con abundancia de grandes árboles madereros de alta calidad. La tala de bosque para satisfacer las demandas de la élite frecuentemente beneficiaba al pueblo al abrir nuevos terrenos a la agricultura, y generar bosque secundario, que era el mejor proveedor de fertilizante orgánico, leña, alimento para ganado y demás productos forestales de subsistencia.

Esta situación comenzó a cambiar alrededor del 1570. Para entonces la población del Japón había aumentado a 10 millones de habitantes, y la necesidad de productos forestales había crecido de manera correspondiente. Conflictos militares de gran escala durante los 1500s requirieron de grandes cantidades de madera para los ejércitos. Con la llegada de la paz con el Shogunado Tokugawa, siguió un periodo de crecimiento urbano y proyectos de construcción monumental de castillos y templos, que durante los 1600s aumentó la tala de bosques a niveles nunca antes experimentados en Japón. El conflicto entre aldeanos y gobernantes sobre el uso de suelo – ya sea para productos de subsistencia para el pueblo o para satisfacer la demanda de madera de los gobernantes – se volvió más intenso. Para el 1670 la población había aumentado a casi treinta millones, y con la excepción de Hokkaido, los bosques viejos habían sido talados en su totalidad. El abasto de madera y demás productos forestales peligraba. La erosión, las inundaciones, deslaves y páramos (genya) se hacían cada vez más comunes. Japón enfrentaba un desastre ecológico.

La Solución

Cerca del 1670 Japón comenzó a responder a este reto ambiental con una “inflexión positiva” que transformó en sustentable el previo uso insostenible del sus bosques (Totman 1989). La inflexión positiva se caracterizó por:

  • el papel central de acciones catalíticas y circuitos de retroalimentación positiva que mutuamente se reforzaron;
  • el papel clave de la comunidad local;
  • el estímulo externo y la facilitación por parte de terceros;
  • el permitir que “los procesos naturales y sociales hicieran el trabajo”;
  • los efectos demostrativos con recompensas rápidas;
  • la co-adaptación entre el sistema social y el ecosistema;
  • el uso de la diversidad y memoria socio-ecológica como recursos.

Es difícil identificar con certeza el punto de inflexión inicial, pero parece haber derivado de la tradición centenaria de cooperación entre aldeanos para protegerse de bandidos, distribuir parcelas de arroz y agua de riego y almacenar arroz. Hasta entonces ésta cooperación no se extendía a la gestión de bosques, pero los poblados empezaron a responder a la crisis forestal refinando la gestión del bosque secundario satoyama para sus necesidades de subsistencia (McKean 1982, 1986), y por primera vez plantaron cedro japonés (sugi) y ciprés japonés (hinoki) para satisfacer las demandas de madera de sus gobernantes.

El establecimiento de plantaciones de árboles estimuló una necesidad de tecnología forestal para la siembra y cuidado de los árboles, una tecnología que hasta entonces solo existía de manera rudimentaria. A nivel local los madereros, agrónomos y funcionarios de gobierno a cargo de bosques desarrollaron nuevas técnicas para la producción de semilla de cedro y ciprés, la planta de ramas de cedro, la poda de sus plantaciones, y otros cuidados para garantizar el sano crecimiento del cedro y ciprés necesario para obtener maderas de alta calidad. Eruditos itinerantes escribieron manuales de silvicultura y “misioneros” silviculturales recorrieron el país, fomentando la adopción de nuevas tecnologías de pueblo en pueblo. La creación de plantaciones de árboles a su vez estimuló a nuevas instituciones sociales tanto para las élites gobernantes como para los aldeanos de maneras que promovieron la cooperación entre aldeanos para la producción de maderas: el yamawari (la división de derechos sobre el bosque entre familias), nenkiyama (el arrendamiento a largo plazo de bosques a aldeanos por parte del gobierno), y el buwakibayashi (la producción de maderas por parte de aldeanos en tierras del gobierno que eran compartidas con éste).

La gestión de bosques continuó a desarrollarse y expandirse en conjunto con un “círculo virtuoso” de mejoras silviculturales mutuamente reforzadoras, instituciones sociales para el uso de los bosques, e instituciones del mercado de la madera.. La “inflexión positiva” que comenzó con la extensión de la cooperación entre aldeanos a la gestión de tierras forestales estimuló una serie de cambios mutuamente reforzadores que frenaron la deforestación y eventualmente resultaron en la reforestación del Japón. La deforestación fue severa y la reforestación tardó mucho en finalizarse, culminando en los 1920s (Totman 1993, 1995).

Desde entonces la historia forestal del Japón ha continuado con nuevas sorpresas. Hubo deforestación significativa durante la Segunda Guerra Mundial, seguida de reforestación intensa entre los 1950s y 1970s. La reforestación hizo énfasis en plantaciones de cedro y ciprés, aún al extremo de talar bosque natural para crear plantaciones. La transición a maderas importadas, energías fósiles y fertilizantes químicos, completada a mediados de los 1980s, eliminó la demanda de productos del bosque secundario satoyama y redujo drásticamente la demanda de cedro y ciprés. No había motivo para continuar administrando los bosques secundarios, que ahora atraviesan la sucesión ecológica natural con la pérdida de muchas especies adaptadas a los espacios abiertos e iluminados del bosque gestionado. Muchas plantaciones de cedro y ciprés han caído en el descuido porque la poda, tala y otros cuidados necesarios para la producción de maderas de calidad ya no valen la pena.

Esta historia de la silvicultura en Japón no pretende ser autoritativa ni exhaustiva. La evolución de los bosques Japoneses durante los últimos tres siglos ha sido compleja. El punto principal de la historia es que el Japón se adaptó a una crisis de deforestación a finales de los 1600s, cambiándose de la explotación insostenible a la gestión sustentable de sus bosques. La adaptación demuestra un punto de inflexión que redirigió a la nación de un desastre ecológico hacia la salud ambiental, restaurando un recurso natural que posicionó al Japón para su impresionante desarrollo económico durante el siglo XX.

Muchas otras sociedades, pasadas como presentes, no han sido tan afortunadas. Civilizaciones del pasado que enfrentaron crisis de deforestación colapsaron al no hacer la transición de la explotación forestal insostenible a la silvicultura sustentable (Diamond 2004). En la actualidad hay muchos lugares que sufren por no haber hecho ese cambio. Particularmente trágicos son los ejemplos de Haití, que se encuentra atrapado en un ciclo de pobreza debido a sus tierras deforestadas, erosionadas e improductivas; y Corea del Norte, donde la deforestación, inundaciones y cosechas perdidas han sido responsable de hambrunas en años recientes.

Bibliografía

  • Diamond, Jarod. 2004. Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed. Viking, New York.
  • McKean, Margaret A. 1982. The Japanese experience with scarcity: management of traditional common lands. Environmental Review 6:63-88.
  • McKean, Margaret A. 1986. Management of traditional common lands (Iriaichi) in Japan. In Proceedings of the Conference on Common Property Resource Management, National Research Council, p. 533-589. National Academy Press, Washington, DC.
  • Totman, Conrad. 1989. The Green Archipelago: Forestry in Pre-industrial Japan. University of California Press, Berkeley.
  • Totman, Conrad. 1993. Early Modern Japan. University of California Press, Berkeley.
  • Totman. Conrad. 1995. The Lumber industry in Early Modern Japan. University of Hawaii Press, Honolulu.

Este sitio web contiene materia traducida del sitio web www.ecotippingpoints.org.
Traducción: David Nuñez. Redacción: Gerry Marten

Volver al inicio